Franco se puso como un energúmeno y acabó haciéndoselo pagar a su Gobierno con ceses (buscaba el amparo de Europa y su reacción disgustó a Europa). En el periódico falangista Arriba (fundado por José Antonio Primo de Rivera, dirigido años antes por el padre de Juan Luis Cebrián, director de informativos de Franco, director de El País, luego consejero y millonario de la ´orilla izquierda´) rebautizaron el Congreso del Movimiento Europeo denominándolo Contubernio de Munich. En las concentraciones del franquismo contra el Contubernio se gritaba: “Los de Munich a la horca” y también “Lo único que nos pueden hacer en Munich es cerveza”.
¿Qué sentido tiene escribir hoy sobre el Contubernio? ¿Sólo que se cumplen 50 años de su celebración? No, sobre todo, que de alguna manera demuestra que la Transición fue algo buscado durante décadas por la gran mayoría de los españoles y que no deberíamos tirarla por la borda como al cadáver de un amotinado o de un pirata. El Contubernio reunió a los representantes de todos los partidos –excepto el comunista; aunque éste envió emisarios y ´mensajes´ positivos- tanto del interior como del exilio (en palabras de Madariaga, los que habían ganado la tierra y perdido la libertad y los que habían ganado la libertad y perdido la tierra). En Munich se escenificó la reconciliación nacional, se entrevió la posterior Transición y su texto final también podría considerarse un esbozo de la que luego fue nuestra Constitución: instituciones democráticas, Gobierno basado en el consentimiento de los gobernados, libertades y derechos, reconocimiento de las distintas comunidades, creación de partidos y sindicatos independientes. Todavía más: en el Contubernio Rodolfo Llopis –PSOE- le pidió a Joaquín Satrústegui que transmitiera al Conde de Barcelona que el socialismo respaldaría a la Monarquía si la Corona traía la democracia a España (un paso más hacia la Monarquía desde que Prieto y Largo Caballero apostaran por la vía plebiscitaria).
Como dijo Salvador de Madariaga, con solemnidad, en días tan señalados “Hoy ha terminado la Guerra Civil” (o sea, que siguiendo al político gallego, personaje no suficientemente considerado, podríamos afirmar que la Guerra Civil comenzó en el año 1934 y terminó en el año 1962).
Por todo lo escrito pienso que no deberíamos tirar por la borda todos estos años en democracia. No deberíamos hacer una demolición retrospectiva y vengativa de la Transición. Desde la izquierda extrema se ha intentado y todavía se intenta. Por ejemplo con mensajes que sólo ven un exagerado peso de la ideología de derechas en el desarrollo de la Transición y en la factura de la Constitución. Porque algunos parece que siguen soñando con reescribir la historia. Peor aún. Con ir hacia atrás para cambiarla. No soportan que Franco muriera en la cama. Que la democracia surgiera a partir del franquismo –Ley de la Reforma Política; con el auto-suicidio de las Cortes franquistas; no todo estaba atado y bien atado como pretendió Franco-. Que el Rey fuese nombrado por el dictador. Que los ciudadanos españoles pasasen de la dictadura a la democracia sin grandes revoluciones, matanzas, violencia, como en el propio Contubernio se pactó, etc. (En realidad, no soportan que estemos en el siglo XXI. No soportan, sin más, el reflejo colectivo que nos devuelve el espejo.)
Y si Zp quiso romper con la Transición y buscó su referente en la Segunda República –ni que decir tiene, período caracterizado por la tensión y la discordia- e ilusionó a la izquierda extrema con la imposible idea de regresar al pasado, la mayoría de los españoles miramos esperanzados al futuro democrático aunque, dadas las circunstancias actuales, también miramos asustados –´Spanic´- nuestro presente.